Manual del Buen Tirano

El creador creado: ¿criatura condenada? – 2ª parte

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En la misma línea de William Blake y su posición sobre el ser humano entre el Bien y el Mal está la obra del Caín de Lord Byron. Byron no sólo va a hacer referencia al Diablo, a Lucifer, sino que va a hablar también de Caín. Aunque Caín es de la misma naturaleza caída que Lucifer nos puede relatar algo que éste no podía: la carga de una culpa por algo que él no cometió que dejaba ya esbozada en el anterior post. Mientras que el Diablo es la figura perdedora porque no venció frente a un igual (el que ahora es Dios), Caín es una figura más cercana a la humana dado que ya entra dentro de las criaturas creadas por él. Así en un monólogo se preguntará por qué debe trabajar si nada tuvo que ver con la desobediencia de sus progenitores como para tener que pagar por su culpa, que no la propia. Recuerda que cuando esos sucesos tuvieron lugar en el Edén él ni si quiera había nacido, y aún va más allá afirmando que tampoco fue quien eligió nacer. Cuando leemos estos versos podemos comprender algo que está siempre ante nuestros ojos pero en lo que generalmente no reparamos y que, al leer directamente que ni pecamos ni elegimos vivir, queda dicha afirmación grabada a fuego en nosotros. El Creador ha condenado a toda su creación de antemano por el pecado de alguien que nos resulta del todo ajeno. Nosotros, los creados, vivimos con miedo; miedo de la furia divina porque, al parecer, el hecho de ser sus criaturas significa de por sí ser sus posesiones, con las cuales puede terminar cuando quiera, condenar de antemano, y masacrar durante nuestra finita vida. Porque teniendo la oportunidad de crear siendo él pura perfección, decidió crearnos en la imperfección. Resulta como si por alguna razón olvidada en las Escrituras, Dios Todopoderoso se hubiese ensañado con nosotros, su propia creación. ¿Y qué voz tenemos nosotros en todo esto? ¿Por qué debemos sentir miedo? ¿Por qué tenemos que consumirnos en nuestras contradicciones? ¿Qué culpa tenemos nosotros de haber sido condenados aún antes de ser concebidos? Dejando de lado todas las barbaridades que se pueden obviar de esta tesis contra la moral de Dios, aún queda el problema del poder que él puede ejercer sobre nosotros y en qué medida debemos o no serle leales. Será este el tema que con posterioridad pasaré a relacionar con la problemática que se da en las nuevas tecnologías con, por ejemplo, la autonomía de los nexus de Blade Runner frente al ser humano, su creador. Pero antes de entrar en este tema quiero terminar de exponer el que viene de la mano del Caín de Byron, para una futura mejor comprensión. Le dice así Lucifer a Caín:

“¿Fui yo quien plantó lo prohibido al alcance de seres inocentes, curiosos por su propia inocencia?
(…) ¿Entonces quién fue el demonio?”

Teniendo presente que estamos en la tradición cristiana y que Lucifer es el Diablo y no una entidad separada como en la tradición judía, se nos está mostrando una bondad del Diablo que queda superpuesta a la bondad del mismísimo Dios. Como dijimos con anterioridad estamos ante una estética de la resistencia. Aquí no nos creemos todo lo que nos dicen, hay unos personajes que luchan por ser ellos mismos, utilizando su capacidad crítica, pensando por sus propios medios. Es la rebeldía de uno por ser su propio sí mismo, desligándose de toda atadura, ya sea de la recta razón impuesta por Dios, ya sea de supersticiones, etc. Lucifer muestra aquí claramente que el hecho de poner una tentación delante de un ser inocente, que es además de naturaleza curiosa, es una conducta demoníaca que revela a un ser verdaderamente morboso. Nos está mostrando al verdadero Demonio. Aún así, esto no es suficiente para declarar la inocencia de Lucifer, ya que por haber sido vencido, y no haber ganado, nunca sabremos lo que realmente hubiese hecho él en el puesto de Dios. Pero de lo que no cabe duda es de que el Creador no es todo bondad, y que somete a sus propias creaciones a pruebas que son verdaderamente difíciles, exigiendo de este modo una fidelidad total y ciega. El cristianismo defiende la absoluta potestad del creador sobre los creados, los cuales mediante este encadenamiento pierden, se podría decir, lo único que les era propio que es su libertad.

Antes de que tengan lugar estas escenas que he citado, Adán le pregunta a Caín si no tiene nada que agradecerle a Dios. Supongo que lo pregunta con una inocencia máxima, dando por sentado que el darnos la vida conlleva el deberle eterna gratitud. Pero Caín, que ha sido mucho más astuto, que ha sabido encontrarse y plantearse todo este problema de la creación objetivamente, le contestará que no, que no tiene nada que agradecer. Pues dirá, no se le puede dar las gracias a alguien por algo que te da temporalmente, para luego arrebatártelo, pretendiendo en todo esto que le seas ciegamente fiel. Dios ni si quiera le preguntó a Caín si quería la vida, ¿por qué agradecérselo? Y si fue algo que hizo porque quiso, en un acto de suma bondad, ¿por qué pide algo a cambio? No puedes esperar nada a cambio por algo que das porque quieres darlo. Sin embargo Dios da la vida para luego arrebatártela (sólo nos ha concedido vida finita), y con una maestría retorcida digna de una mujer, trastoca la historia hasta el punto de hacerte creer que debes estarle eternamente agradecido. Y no sólo agradecido de corazón, no; venciendo las numerosas pruebas que te ponga y pagando por un pecado que te es del todo ajeno, con dolor y trabajo que ocuparán toda tu insignificante vida finita. Y entonces tenemos la figura del creado, ese que debe obedecer. Pero aquí nos centramos en la figura del que ha decidido no servir, del que ha sido capaz de retomar su vida, de considerarse un ser autónomo y por ello ha sido capaz de negarle la servidumbre al creador. Estamos frente al romanticismo negro. Estamos frente al triunfo del Mal sobre el Bien, no en el sentido de que lo malo debe primar sino en el sentido de que el Bien era lo realmente malo. Porque, ¿hasta qué punto tenemos potestad sobre nuestras creaciones?

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Written by logicasimulada

noviembre 21, 2011 a 2:57 pm

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